19 de Abril de 2010 - El Teatrino (Pcia. de Salta) - Review / Flyer

 

Aseguran los viejos gauchos del norte, desde las mas conspicuas gradas, que no son muchos los hombres de tierras capitalinas que logran conquistar estas secas tierras y los corazones que en ella habitan.  Dicen, con sabiduría milenaria, que hay que tener especial contacto con  la madre tierra, un contacto místico. Trascendental.  Afirman también de modo tajante que la pachamama es muy exigente. Que si se la pretende conquistar uno debe estar dispuesto a darlo todo. Hasta las ultimas gotas de vida terrenal.

Fue un sábado 17 de abril el día en que una centena de faustos devotos pusieron en tela de juicio la  sabiduría de aquellos hombres de inequívocos decires.

Debutaba en Salta Capital el poeta Roberto Pandolfo. Un extraño al que todos llaman “Palo”. Debutaba presentando su Ritual Criollo, amable nombre de su último disco. Nombre efectivo también, para el que sería el primer convite en una tierra adicta a rituales criollos.

Fue entonces cuando sucedió, ahí, desprevenidamente, casi sin avisar, mientras el ocasional teatro albergaba los tintes de la ebriedad mas deliciosa de los presentes, apareció Palo Pandolfo, con la humildad de quien ejerce el oficio de cantor.

Empezaron los acordes y el salvaje poeta entronizó sus primeras palabras. La canción, aseguran las almas serenas, era “Te quiero llevar”. Oportuna declaración de principios. La opción era desistir, o seguir, sin miedo a la libertad. El juego estaba muy bien planteado. El ritual ya había comenzado.

El ardor continuó con “Canción cántaro”, de soberbia interpretación, para desembocar en la lumínica “Todos somos el enviado”. Y  mientras el poeta nos recordaba que con una misión en el alma nacemos todos, de lejos empezaron a escucharse los sinceros aullidos de alguien que rezaba “Ella vendrá”.

Todo indicaba que el hilo conductor de aquella noche era el éxtasis. Y sin previo aviso a los corazones menos entrenados, empezó una adrenalínica seguidilla de declaraciones. De reivindicaciones fanáticas. Asi se sucedieron “Carnavalonga”, “Exodo”, “Amor, practico el ritual” y “El ente”.

Todo era muy sólido. Evidentemente Palo se había ganado la complicidad parcial de las energías norteñas. Y aprovechando el torrente, Pandolfo de despachó heroicamente con “Río Reconquista”, “Argentina 2002” y “Antojo”.

De repente y con el desconcierto propio que nos generan aquellos acontecimientos imprevisibles como el amor, se escuchó un atronador silencio. Algo había fallado. O algo faltaba. Nadie entendía muy bien lo que pasaba. Hasta que el cantor quedo desnudo. Solo el  y su guitarra, en cordillerana comunión. La advertencia  había sido verdaderamente clara. La madre tierra era exigente con aquellos audaces con ánimos de conquista.

Pandolfo debía demostrar, debía seducir, estaba en falta. Y en un aire de insoportable intimidad se despachó con una inolvidable interpretación de “A través de los sueños”. Sin banda, sin público. Sin tiempo ni espacio. Tan solo el arte y la pachamama en interconexión divina. Todo estaba dicho. La conquista era un hecho. Se visualizaba en el regocijo del cantor, que ávido de ceremonias decidió regalarle “Chicas alegría” y “Las Nenas” a su flamante idilio.

La despedida se acercaba, sin el mas minimo dejo de melancolía. Teniendo muy en claro que todo este ardor no era mas que la mejor de las bienvenidas.

El hasta pronto tenía que ser cósmico, tenía que estar a la altura. Los acordes de “Tazas de té chino” despejaron toda duda inoportuna. “Tapas de los sesos” y su percusión tribalista, mancomunó a los presentes al estallido final.

Entonces, si, de nuevo. En un déjá vu fascinante, volvimos a ser espectadores de una nueva declaración de principios. El épico poeta nos dijo de modo tajante “Estaré”. Nos confesaba con honestidad salvaje que el próximo encuentro era ahí, adonde sale el Sol.

El Ritual Criollo había terminado. La bienvenida finalmente se había sucedido.

Evidentemente la sabiduría de los viejos gauchos del norte no tiene fallas. Vino un hombre capitalino y con exquisita audacia, conquistó la fértil tierra de los rituales criollos. Estuvo dispuesto, y lo dio todo.

Hasta las ultimas gotas de vida terrenal.

 

Crónica enviada por Patricio Gareca

 


 

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