Palo Pandolfo sube al escenario. Rulos descontrolados, media sonrisa, saluda y se pone la guitarra. De este lado no somos multitud, pero el cantautor no parece notarlo, no parece importarle. Palo pone primera, arranca y nos hace arrancar. Durante más de una hora y media el ex Visitante, ex Don Cornelio y la Zona -devenido en solista under- se hace canción.
Abre con el repertorio de “Ritual Criollo”, su último disco, y le pone la voz y el cuerpo a temas como “Las nenas”, “Siete vidas”, “Argentina 2002”, “Cántaro”, “Amor”, “Chimango”, “Afrodita” y “Chicas”, entre otras.
El trovador es auténtico, frenético, pasional. Lleva su voz hasta los bordes, casi al límite, pero la trae sana y salva para encarar la siguiente canción. Así presenta un tema inédito, que cuenta la historia de una muchachita que lo hizo “caer al cielo”; más tarde pone sobre la mesa las clásicas “Tazas de té chino” y “Cenizas y diamantes”, de Don Cornelio y la Zona, así como la infaltable “Ella vendrá”.
Como ladero, en batería, está Nacho Gentile, un músico neuquino que acompaña a Palo en esta recorrida patagónica. El viaje comenzó en Zapala, siguió por Villa Pehuenia y, después de haber hecho escala en Esquel –el miércoles pasado- siguió hasta Bariloche y El Bolsón.
Para el último tramo del recital quedan perlitas con aire noventoso made in Los Visitantes: primero “El ente”, después “Tapa de los sesos” y, a modo de cierre, la siempre vigente “Playas oscuras”.
Palo baja y sube del escenario. Toca una canción con la eléctrica y otra con la acústica. Le pedimos más, nos da más, frena y se despide hasta el invierno. “Vuelvo antes de que empiece el Mundial”, promete. Le creemos. Lo esperamos con la camiseta puesta.
Así termina el ritual.
Por Puerta E
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