Tal vez la noche es de las más frías. Sin duda, la distancia, demasiada. La ciudad de La Plata se nos abre pasada la medianoche. Siempre diáfana. Impecable sus calles y sus edificios iluminados.
La gente se mezcla; va y viene. Un chico de veintipico, con su mochila a cuestas, no se separa del escenario desde que llega. El lugar permite que. Grupos de veteranos de Don Cornelio y de Los Visitantes van poblando el bar. Jugamos a adivinar quienes son unos y otros. Palo anda por ahí, con Gustavo Senmartin como una sombra. Nadie parece percatarse. El show lo abre Francisco Bochatón con canciones directas y bonitas, que se estiran en la noche y rebotan contra nosotros. Unos cuantos, entre ellos el chico de la mochila, canta todos los temas. Piden más. Bailan. Pronto, el síndrome de abstinencia Pandolfiano nos pone demasiado ansiosos cuando por fin sube Palo al escenario. Lo hace así, como si nada. La gente tarda treinta segundos en reaccionar y empieza la locura. Una chica, detrás de mí, le dice a su amiga: “te vas a enamorar”…
Palo surge de una claridad tan suya, contundente, versátil. A Pleno. Distinto. Cántaro Canción que se vierte sobre nosotros. Nos colma y no queremos que se acabe nunca. Canción Cántaro que nos abastece, nos nutre, y claro que enamora.
Esa noche tan fría, más para quedarse en casa, en familia, que para andar rolando a más de 60km del oeste… Palo está ahí, tan a la mano, desgarrándose dentro de ese brillo que lo llevará. La gente dispuesta a atraparlo, no lo deja ir. Ya hizo mas de la mitad del Ritual Criollo y nos transportó a lugares que solo cada una de nuestras conciencias reconoce con “Tazas de té chino”, “Cenizas y diamantes”, “Estaré”, y “Ella vendrá”.
El público, en pleno trance, insiste en devorarlo hasta el final. A los gritos, un tipo de mas de 40, canta pedazos de letras de Don Cornelio casi como exigiendo que la banda lo siga. Raúl y Gustavo, sólidos en lo suyo. El exquisito bandoneón de Matías y Palo, con más de una hora y media de show encima, continúa en entrega total: si flaquea con su voz, nos atraviesa con su guitarra… más de veinte años transmutan a través suyo y se referencian en él.. Nuestros propios veinte años, otro espacio, el fin de una época.
Si es verdad que nosotros somos el enviado, igual de cierto es que, sin duda, él es el elegido. Por suerte, sigue habiendo música en sus ojos, luces en sus oídos y veinte pájaros en su sombrero.
Crónica gentileza de Cheli Ferro

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